María
Adriana Neiret de Klos
Ella es otra de las Neiret que sigue los pasos de toda su
familia en la poesia, Que lo disfruten
DERMIS

Dormidas llamas anidan en tu pecho
De cobre bruñido.
Una estampida de toros,
Penetrante y vaginal
En la boca del tiempo.
Metamorfosis
En tu piel salada.
Cambian también los peces sobre
Las piedras secas.

Camino perfilando el cielo.
Mis cenizas se esparcen,
Y mi pecho cavila
En retraído vuelo
Antes de la aurora.
La opacidad de la luna
Lame mi frente
Y presiento el día.
Escarpadas voces
Blanden en designio
Y otra vez
La prisionera luz de la cortina.
Callos en mis ojos
Turban mis oídos.
Con la mañana,
Se renuevan y reverdecen
Entre arrugadas páginas
Las palabras.
A mi abuela Isabel

Reciclo amores,
Tropiezos y angustias.
Me ahogo en el silencio voraz
De las sombras.
La tierra esconde mis secretos
Fértil y consoladora
En un movimiento ondulado.
A mis hijos Jésica, Braian y Kevin
 
Largura de mi piel,
Recinto cálido,
Inconmensurable amor.
Apoyo mis labios
En tu plácida candidez.
Abrazo tu esencia
Incorporándote a mi seno.
A mi madre María Luisa

Corazón.
Elemento vital,
Tesoro hundido.
Travesía
En un rincón
De la montaña.
Dueño del sol
Y el tiempo.
Apuesta al futuro.
En las profundidades;
Una búsqueda
De fantasmas.
Espero, me muerdo las ganas.
Una gota aplasta
La hora.
La última.
Es suave,
Y tiene memoria.
ARBOLES

A mi abuelo Alfredo
Los tres erguidos descansan.
Apoyan su cúspide
En un manto tornasolado,
En la rutina aplanadora
De la sombra.
Es la maraña que aprisiona
Sus pies cansados.
Habitantes del verde que se esfuma
Del solar maduro, del silencio.
Vigías de un paraíso perdido,
Que reverdecen lozanos.
María Adriana Neiret de Klos
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