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INTRODUCCIÓN:
LA IMPORTANCIA DE LA MEDICINA NATURAL
La farmacología y la medicina moderna han avanzado en este
último siglo a pasos agigantados. Importantes descubrimientos científicos han ayudado a
que las personas vivan más tiempo y en mejores condiciones que en las épocas de nuestros
abuelos. Los antibióticos, la anestesia, las radiografías, el monitoreo y maravillas de
la ciencia como la ingeniería genética son un logro importante de nuestra civilización.
Sin embargo, pese a estos progresos, la muy desarrollada farmacología moderna también ha
demostrado ser perjudicial para las personas por sus efectos secundarios, ya que las
drogas químicas numerosas veces curan un mal pero Producen otra clase de desequilibraos
difíciles de controlar.
Por eso es que la ciencia médica actual ha comenzado a tener en cuenta los remedios
naturales que los doctores del pasado recomendaban a sus pacientes, ya que muchos de ellos
son tan efectivos como los productos actuales de laboratorio, con la ventaja de ser a la
vez económicos y no tener tantas contraindicaciones.
Estos remedios maravillosos provienen en su gran mayoría del reino vegetal y durante
miles de años las personas se han curado sus males recurriendo a ellos. Tal vez hoy en
día muchos de los usos de estas plantas resulten desconocidos para un gran número de
personas, pero durante siglos fue natural que los mayores enseñasen a las nuevas
generaciones a curarse de sus dolencias con hierbas. Al menos en el campo argentino, hace
apenas treinta años atrás, las abuelas nos preparaban distintas infusiones o nos curaban
con purgas y cataplasmas de hierbas cada vez que estábamos enfermos.
La Organización Mundial de la Salud calcula que las hierbas curativas son la medicina
principal de dos tercios de la población mundial, la que asciende a unos cuatro mil
millones de personas. Muchos científicos aceptan esta realidad, aunque opinan que
utilizar plantas es adecuado solamente para los pobres, ya que no tienen acceso a la alta
tecnología médica debido a los costos de la misma. Se equivocan, porque incluso en los
remedios de laboratorio, se calcula que un 25 por ciento de los mismos, están elaborados
con hierbas y minerales extraídos directamente de la propia naturaleza. La aspirina, por
ejemplo, fue creada originalmente en base a una planta llamada ulmaria o spirea (la que le
dió su nombre) y corteza de sauce blanco o, por ejemplo, el jarabe para la tos con gusto
a cereza no es un caprichoso invento de los laboratorios actuales, ya que los indígenas
trataban la tos con corteza de cerezo silvestre. Todo esto nos habla de la conexión
estrecha que existe entre la medicina herbaria y la bioquímica actual, así como de la
necesidad de conocer los beneficios de las plantas en nuestra autocuración para evitar
los efectos perjudiciales de los productos de laboratorio.
Recuperar este saber y transmitirlo es el propósito de este libro, porque la medicina
tradicional merece mantenerse viva y el único modo de lograrlo es que las personas se
curen con plantas, curen con ellas a sus niños y de este modo la memoria de la Tierra
vaya perdurando a través de las generaciones, si es que nuestro generoso planeta sigue
brindándonos todo aquello que precisamos para nuestra subsistencia de cada día. |