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LA
PARTIDA DE UN ANGEL

Sčcate esa lągrima
y que ni se te ocurra
dejar escapar un suspiro.
Sņlo date vuelta,
desplegą tus alas
y volą.
Volą esplčndida y suavemente
hacia las nubes.
Y cuando llegues allģ,
buscalo a Dios
y comentale que le fallaste.
Contale que en la Tierra
supiste reģr
y acariciaste alturas
mąs altas que sus dominios
quiząs.
Contale que hasta fue necesario sufrir
para conocer a que sabe
el aroma de lo provocativamente
prohibido,
y que aprendiste
a gemir de felicidad.
Contale que le fallaste,
que al llegar a este planeta
te enamoraste de un tipejo mal aseado
tan parecido a este que te escribe
- aunque sin la pena de perros en sus ojos,
que le dejņ esta partida casi obligatoria-.
Pedile perdņn,
el viejo te va a saber comprender
y ,una vez que lo hagas,
quedąte a su lado
o dedicate a tocar el arpa
por las nubes,
pero ni se te ocurra
bajar otra vez.
No sabčs
lo tristemente mal producidas
que son las segundas partes
de estas tģpicas novelitas romanticonas.
Quedąte ahģ,
haceme caso,
escondete detrąs de una nube
y, si querčs,
para matar el aburrido tiempo celestial,
observą.
Observą como este simple tipejo
todas las noches se embriaga
recordando que una vez
estuvo a punto
de juntar cielo y tierra
en un mismo escenario:
Esta cama de dos plazas
que todavģa tiene que terminar de pagar
- en cņmodas cuotas de sangre ajena
y lągrimas pesadas como el mercurio-.

GITO MINORI (FUEGO EN EL PECHO) |