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BALDOMERO
FERNÁNDEZ MORENO
Invitación al hogar

Estoy solo en mi casa,
bien lo sabes, y triste como siempre.
Me canso de leer y de escribir
y necesito verte...
Ayer pasaste con tus hermanitas
por mi puerta; tú, seria, ellas alegres.
Irías a comprar alguna cosa ...
Ganas tenía yo de detenerte,
tomarte despacito de la mano
y decirte después, muy suavemente:
La noche está muy fría,
corre un viento inclemente..
Sube las escaleras de mi casa
y quédate conmigo para siempre.
Y quédate conmigo, simplemente
compañeros, desde hoy, en la jornada.
Tendremos un hogar dulce y sereno,
con flores en el patio y las ventanas;
bien cerrado al tumulto de la calle
para que no interrumpa nuestras almas...
Tendrás un cuarto, para tus labores,
¡oh la tijera y el dedal de plata!
Tendré un cuartito para mi costumbre
inofensiva de hilvanar palabras...
Y así, al atardecer, cuando te encuentre,
sobre un bordado la cabeza baja,
me llegaré hasta ti sin que lo adviertas,
me sentaré a tus plantas,
te leeré mis versos, convencido
de arrancarte una lágrima,
y tal vez acaricien mis cabellos
tus bondadosas manecitas blancas.

De Canto de amor, de luz, de
agua
Horas tranquilas, las del corredor.
El sol crepuscular es una llama
tras las cortinas de árboles del monte.
Se magnifican las casitas bajas
con el oro y la sangre que se encienden
como por magia sobre las ventanas.
En el pálido cielo las estrellas
hacen su aparición igual que lágrimas,
es más fuerte el perfume de las rosas,
se acrecienta el amor dentro del alma,
hay un silencio religioso y grave,
se adivina un tañido de campanas
y una oración palpita entre los labios:
"Ave María, llena eres de gracia".
Hubo una noche, una, en que la luna
espolvoreó el silencio con su plata.
íbamos juntos, bajo su caricia,
por el jugoso trébol y la grama.
Noche de octubre todavía fresca,
el cristal invisible de la helada
caía lentamente sobre todos
y en rosarios de perlas en las plantas.
Temblaste junto a mí, se me llenaron
de una nueva ternura las entrañas,
y por primera vez llevó la tierra
nuestras sombras en una sombra larga.

Soneto de tus vísceras
Harto ya de alabar tu Piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al pánereas, a los epiplonies,
al doble flitro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.

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